Me llamo Margarita González, y soy sevillana. Mi actividad como diseñadora se remonta a mis años de juventud, cuando empecé a hacer trajes de flamenca mientras aún estudiaba en la universidad. Después de un intenso aprendizaje entre profesionales del sector textil y de la modistería, pasé a diseñar prendas de vestir “normales”.

Poco a poco fui siendo consciente de mi pasión por las telas de calidad, pasión que me llevaba a dirigirme con naturalidad hacia la costura de alta gama. Antes de lo que pensaba me encontré diseñando prendas únicas, tal como mis admirados modistos franceses. Gracias a mis esfuerzos, y a las privilegiadas enseñanzas de fantásticos profesionales del sector, pude crear ya entonces conjuntos y vestidos, que mis primeras clientas me encargaban para bodas, fiestas y otros eventos.

Yo empleaba tejidos de primera categoría no sólo en diseños de costura, en vestidos para ceremonia, sino también en mis trajes de flamenca. La consecuencia es que dichos trajes de gitana siguen como nuevos y en activo, para alegría de sus propietarias, después de muchas ferias. Es el rasgo principal de las telas buenas, duran infinitamente más que las malas, sin perder lozanía en los colores ni sufrir “achaques” (rozaduras, zonas gastadas, las odiosas bolitas…)

La misma exquisitez de las telas empleadas en mis trajes de flamenca me llevaba a hacer diseños únicos, algo entonces muy poco frecuente en el sector de la ropa flamenca. Yo abordaba cada uno de ellos como joyas irrepetibles, procurando imprimirles mi sello personal sin salirme de los cánones de una vestimenta no ya tradicional sino clásica, a la vez que popular. Eso me valió la entusiasta fidelidad de muchas clientas, que se ponían en mis manos dándome total libertad de elección en los colores, la traza y los detalles.

Poco a poco, sin dejar por completo la costura de prendas de manga (chaquetas, abrigos, gabanes) ni mis entrañables trajes de flamenca, he ido concentrando mi actividad creativa en el segmento de las jovencitas, la ropa junior de 8 a 18 años. Mi mayor ilusión es conseguir no ya que las madres quieran vestir a sus hijas con mis diseños, sino que ellas mismas se enamoren de mis creaciones junior, y puedan plantearse, como me han pedido en algunos casos, copiar la ropa que llevan sus hijas.

Debo decir aguantando la risa que esto a veces ha provocado rabietas familiares de compleja manipulación, ante la sorpresiva e irritante novedad de que “mamá se apropie de mi ropa”.
Pero en la mayoría de los casos ocurre lo contrario: madre e hija coinciden felizmente en su gusto por una prenda mía. ¡Y eso es también mi mayor satisfacción como diseñadora de ropa junior!

Espero que también a ti te gusten mis colecciones, y además disfrutes en esta web de la compañía de Silvia, a la que quiero como si fuera una sobrina más, y de las restantes personas que conmigo hacen posible los hallazgos, las delicias y las cucadas de Mon Ami.